La bala que llegó antes de que él supiera que iba a morir
Antes.
Así es como lo conozco: como un antes que duró una fracción de segundo y que ya dura más de cien años.
Entré sin avisar. Así funcionamos las primeras: sin protocolo ni preámbulo. El cuerpo todavía no sabía que iba a morir.
Eso es lo que me distingue de mis hermanas: yo llegué cuando él todavía era completamente él. Sin saber. Sin entender. Sin el peso de lo que vendría.
Entré.
Y en ese instante —ese que no tiene duración, pero tampoco termina— fui la única verdad disponible.
Las otras llegaron a un cuerpo que ya estaba aprendiendo a morir. Yo llegué a uno que todavía no lo sabía.
Eso me hace, de entre todas nosotras, la más cercana a lo que era antes de que empezara a ser lo que fue.


Deja un comentario